La Perla del Sur

sábado, 12 de septiembre de 2026

La invasión alegre: Cuando los turistas conquistan Encarnación

Crónicas, risas y secretos de la marea viajera en la Perla del Sur

Hay épocas en las que nuestra amada Encarnación deja de ser solo una ciudad pacífica recostada sobre el ancho río Paraná para convertirse en un inmenso escenario de sol, sonrisas y acentos cruzados. De repente, las calles se llenan de anteojos de sol extravagantes, sombreros de paja de tamaños inverosímiles y un ejército de visitantes armados con termos, protector solar y una curiosidad insaciable. ¡Ndébarbaro! La Perla del Sur se vuelve el epicentro del universo y no hay rincón que escape al encanto de esta hermosa invasión viajera.

1. El éxodo hacia el agua: La tribu del protector solar

Ver llegar a los turistas a la Playa San José es una lección de sociología pura y divertida. Están los preparadísimos, aquellos que bajan del auto pareciendo una expedición al Himalaya pero en versión caribeña: conservadora gigante sobre ruedas, sombrilla multicolor de tres metros de diámetro, reposeras ergonómicas y un arsenal de flotadores inflables con forma de flamenco rosa o unicornio dorado.

Pisan la arena dorada con ese brillo en los ojos que solo da el escape de la rutina. Los ves caminar dubitativos sobre la arena caliente hasta que, ¡zas!, el agua fresca del Paraná les bautiza los pies y sueltan un suspiro colectivo que resuena hasta la otra orilla. En ese preciso instante, el viajero estresado se transforma en un encarnaceno de corazón. No importa si vienen de las prisas de Asunción, de la humedad de Ciudad del Este, de la vecina Argentina o de algún rincón remoto del mapa europeo: frente a la inmensidad del agua, todos hablan el mismo idioma.

2. El choque cultural del Tereré: Un ritual de iniciación

Una de las escenas más entrañables y cómicas de la temporada es observar a los visitantes extranjeros intentar dominar el arte sagrado del tereré. El encarnaceno autóctono camina con el termo bajo el brazo con la elegancia natural de quien lleva una extremidad más. El turista, en cambio, agarra la jarra con cierto temor reverencial, preguntándose en secreto si la bomba de yuyos medicinales que la remediera local le preparó no lo va a elevar directo a la estratósfera.

"¿Mba'e yva oĩ pype?" (¿Qué yuyos tiene adentro?), preguntan con los ojos bien abiertos al ver las hojas de menta, menta'i, kokũ o burro aplastadas con mortero en el fondo del termo. El primer sorbo siempre es un espectáculo digno de filmar: arrugan la frente, abren la boca con sorpresa, lo piensan dos segundos... y de repente sonríen. ¡Heterei! (¡Qué delicioso!), exclaman orgullosos con un acento gracioso, sintiéndose graduados en paraguayidad pura. A partir de ese momento, la guampa no se suelta más y el turista pasa a andar por la Costanera sintiéndose un cacique guaraní de las playas.

3. La pasarela de la Costanera: Atardeceres, rollers y fotos infinitas

Cuando el sol empieza a derretirse en el horizonte como una yema de huevo dorada y el cielo se tiñe de tonos naranjas y violetas que ni el mejor pintor podría copiar, la Costanera se transforma en una pasarela surrealista. Es la hora del paseo oficial. Los turistas salen a mostrar sus mejores pilchas veraniegas o, en su defecto, su bronceado recién estrenado (que a veces tira más a tono "camarón hervido" por no haberse puesto suficiente protector solar a mediodía).

Allí conviven los ciclistas de ocasión que alquilan monopatines eléctricos y zigzaguean entre la gente saludando como si estuvieran en una película de Hollywood, los runners motivados y las familias enteras buscando el spot perfecto para la foto de Instagram. El atardecer encarnaceno tiene ese poder mágico: logra que el desconocido más tímido pida a un extraño que le saque una foto, iniciando conversaciones inesperadas que terminan en risas compartidas. "¡Qué lindo es este lugar!", se escucha repetir como un mantra en cada metro cuadrado del paseo marítimo.

4. El peregrinaje gastronómico: Del Surubí a la maratón del Reviro

Si hay algo que un turista aprende rápido en Encarnación es que "dieta" es una palabra prohibida. La experiencia gastronómica de los visitantes es una montaña rusa de sabores. Los mediodías se visten de gala en los restaurantes frente al río, donde el surubí a la parrilla se convierte en el plato estrella. Ver a un turista probar por primera vez una posta de pescado de río jugosa, adobada con limón y ajo, acompañada de mandioca bien blanca y tierna (mandi'o hû sky), es ver la cara de la felicidad absoluta.

Pero la verdadera aventura empieza al atardecer o en esas mañanitas frescas, cuando se cruzan con el aroma inconfundible del reviro recién hecho. "¿Qué es esa masa dorada picadita?", preguntan con curiosidad. Al probarlo junto a un huevo frito ("con puntilla", como Dios manda) o sumergido en un vaso de cocido quemado, sus esquemas mentales colapsan. Se dan cuenta de que la cocina humilde del sur paraguayo tiene la fuerza de un abrazo maternal. Para cuando termina su estadía, el turista promedio ya no calcula su equipaje en kilos de ropa, sino en paquetes de yerba mate y recuerdos culinarios grabados en el paladar.

5. Compras en el Circuito: La fiebre del tesoro escondido

Ninguna crónica sobre los turistas en Encarnación estaría completa sin mencionar la incursión legendaria al Circuito Comercial. Cruzar hacia la zona de tiendas es para el visitante como entrar a la cueva de Alí Babá pero con aire acondicionado y liquidaciones de fin de temporada.

Ves a los viajeros caminar con ojos de cazadores de ofertas, comparando precios de electrónica, toallas de algodón, termos de acero inoxidable y calzados deportivos. Hay un arte especial en el regateo amistoso y en esa alegría infantil cuando consiguen ese gadget o esa prenda que buscaban a mitad de precio. Regresan al hotel cargados de bolsas de colores, agotados pero victoriosos, sintiendo que le ganaron al sistema y listos para presumir sus compras al volver a sus ciudades de origen.

6. El abrazo encarnaceno: El recuerdo que no entra en la valija

Más allá de las playas deslumbrantes, la arquitectura moderna, las ruinas históricas que esperan a pocos kilómetros y la noche vibrante de los corsos y boliches, hay algo que los turistas repiten en cada charla antes de armar las valijas: la calidez de nuestra gente.

Ese "Tereaháporãite" (Que te vaya muy bien) que les regala el vendedor de la esquina, la paciencia del parrillero que les explica la receta del chipa guasu, la sonrisa del recepcionista del hotel o la amabilidad de los vecinos que les indican la mejor ruta sin apuro alguno. El turista no solo se lleva fotos del atardecer sobre el Paraná o arena en el fondo de las zapatillas; se lleva en el pecho la paz de una ciudad que sabe abrazar a quien la visita.

¡Hasta la vuelta, queridos viajeros!

Encarnación es la perla del turismo y siempre guarda un lugar en su corazón costero para cada persona que decide cruzar sus accesos. Que vengan los turistas hoy, mañana y siempre. Que llenen de color nuestras avenidas, que pregunten mil veces cómo se toma el tereré, que se enamoren de nuestras playas y que hagan volar sus risas por el cielo de Itapúa. Nos dejan su alegría, sus historias y su energía revitalizante. Y nosotros, desde esta orilla bendecida por el sol y el agua, les decimos con una sonrisa de par en par: "¡Jajoechapa peve!" (¡Hasta que nos volvamos a ver!), porque sabemos bien que el que prueba el encanto encarnaceno... siempre, pero siempre, termina regresando.♥


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martes, 1 de septiembre de 2026

Dani Alves en Encarnación

Del brillo de los estadios a un mensaje de fe, propósito y transformación

Hay visitas que llaman la atención por el nombre de quien llega. Otras, en cambio, adquieren importancia por el mensaje que esa persona trae consigo. La presencia de Dani Alves en Encarnación durante el sábado 29 y domingo 30 de agosto tuvo precisamente ese carácter: el reconocido exfutbolista brasileño llegó a la capital de Itapúa no para hablar de goles, títulos o grandes estadios, sino para compartir ante la comunidad cristiana un testimonio de fe, transformación personal y encuentro con Jesucristo.

Para una ciudad que durante esos mismos días estaba viviendo la enorme fiesta internacional del WRC Rally del Paraguay, la llegada de una figura mundial del fútbol agregó otra historia a un fin de semana extraordinario. Mientras los motores rugían en los caminos de Itapúa, en la Iglesia de Dios en Encarnación se hablaba de algo completamente diferente: de Dios, de la fe, del propósito y de la posibilidad de comenzar una nueva vida.

Alves participó de encuentros durante el fin de semana y compartió su experiencia espiritual, especialmente con un mensaje dirigido a quienes buscan descubrir un sentido diferente para sus vidas. La visita había sido anunciada previamente por la propia congregación y por medios cristianos, que destacaron el carácter testimonial de la actividad.

Un futbolista acostumbrado a levantar trofeos

Durante muchos años, Dani Alves fue sinónimo de éxito deportivo.

Su nombre quedó asociado a algunos de los clubes más importantes del mundo, a grandes competencias internacionales y a una colección extraordinaria de títulos. Acostumbrado a jugar bajo presión, a competir delante de miles de personas y a levantar trofeos, el brasileño alcanzó una fama que muy pocos futbolistas consiguen.

Sin embargo, en Encarnación quiso hablar de otra clase de victoria. Su mensaje no estuvo centrado en los trofeos que consiguió dentro de una cancha, sino en aquello que, desde su perspectiva personal, considera de mayor valor: su relación con Dios y su fe en Jesucristo.

Y allí aparece uno de los aspectos más llamativos de su testimonio. Quien durante tantos años estuvo rodeado de cámaras, contratos, fama, estadios repletos y reconocimientos deportivos, hoy afirma encontrar su mayor riqueza en la dimensión espiritual de su existencia.

Es un contraste poderoso. Porque el mundo del deporte suele enseñar que ganar significa llegar primero, conseguir un campeonato, marcar un gol decisivo o levantar una copa. Pero el mensaje que Alves compartió plantea otra mirada: que también existen victorias que no aparecen en un marcador.

“Cuarenta años” como una metáfora de esclavitud espiritual

Uno de los conceptos centrales de su testimonio fue la referencia a haber vivido durante 40 años preso, expresión que, según el sentido de su mensaje, utiliza para hablar de una vida marcada por el pecado y de la posterior experiencia de sentirse libre mediante la fe.

Esta idea tiene un fuerte contenido simbólico dentro del pensamiento cristiano. En la Biblia, la libertad aparece repetidamente como una imagen de la acción de Dios sobre la vida humana. El pecado es presentado como aquello que puede esclavizar al ser humano, mientras que Cristo representa la posibilidad de una vida nueva.

Por eso, cuando Alves habla de haber estado “preso” durante décadas, el concepto no debe entenderse necesariamente como una referencia literal a 40 años de encarcelamiento físico, sino como parte de la manera en que describe su propia historia espiritual.

Su mensaje apunta a una transformación interior. A dejar atrás una determinada manera de vivir. A reconocer errores. A buscar a Dios. Y, desde su perspectiva, a descubrir en Jesucristo una libertad diferente.

Jesucristo como centro del mensaje

En Encarnación, el protagonista no fue el exjugador del Barcelona, ni los campeonatos conquistados, ni las grandes figuras con las que compartió vestuario.

El protagonista del mensaje fue Jesucristo. Ese aspecto resulta especialmente importante para comprender el sentido de su visita. La presencia de una persona famosa puede atraer público, pero el propósito de la actividad, de acuerdo con la información difundida por la Iglesia de Dios, era escuchar su testimonio sobre su experiencia de fe y transformación.

Alves habló desde su propia experiencia y utilizó su historia para transmitir a los jóvenes un mensaje relacionado con el amor a Dios, la búsqueda de propósito y la necesidad de vivir la fe de manera concreta.

No se trató simplemente de decir que hay que creer. El desafío que planteó fue más profundo: hacer que la fe transforme la manera de vivir.

Ese es uno de los conceptos que más resonó durante el encuentro. La fe, desde esta perspectiva, no debería quedarse encerrada entre las paredes de un templo. Debería acompañar a la persona cuando sale a la calle, cuando estudia, cuando trabaja, cuando practica deporte y cuando enfrenta las dificultades de la vida cotidiana.

Un mensaje especialmente dirigido a los jóvenes

Quizás uno de los aspectos más interesantes de la visita fue la atención puesta sobre las nuevas generaciones. Los jóvenes viven en un mundo donde el éxito suele medirse por seguidores, dinero, apariencia, fama y reconocimiento. Las redes sociales pueden mostrar permanentemente vidas aparentemente perfectas, mientras muchas personas enfrentan silenciosamente dudas, inseguridades y preguntas sobre su futuro.

Frente a esa realidad, el testimonio de Alves plantea una pregunta diferente:

¿Qué queda cuando desaparece todo aquello que el mundo considera éxito?

El exfutbolista conoce muy bien la respuesta desde su propia experiencia. Conoció la fama, los grandes escenarios, los títulos y el reconocimiento internacional. Sin embargo, hoy sostiene que todo eso tiene un valor menor frente a su relación con Dios.

El mensaje para los jóvenes, entonces, puede resumirse en una idea sencilla pero profunda: la identidad de una persona no debería depender exclusivamente de lo que tiene, de lo que consigue o de lo que los demás piensan de ella.

Hay algo más profundo que buscar. Y para Alves, ese algo se encuentra en Cristo.

Los trofeos frente a una nueva escala de valores

Resulta difícil imaginar una colección de trofeos deportivos más impresionante que la de un futbolista de su trayectoria.

Copas, medallas, reconocimientos, fotografías, camisetas y recuerdos pueden llenar una habitación. Son la evidencia material de años de esfuerzo, sacrificio y competencia.

Pero durante su mensaje, Alves puso esas cosas en una perspectiva diferente. Desde su experiencia actual, los trofeos, la fama, los premios y el reconocimiento pierden importancia frente al amor de Dios.

No significa necesariamente que el esfuerzo deportivo carezca de valor. Todo lo contrario: el deporte puede enseñar disciplina, perseverancia, responsabilidad y trabajo en equipo.

Lo que cambia es la jerarquía. Un trofeo puede brillar durante algunos años. Una medalla puede convertirse en un recuerdo. La fama puede desaparecer.

Pero, desde la perspectiva cristiana que Alves quiso transmitir, la relación con Dios tiene un valor que no depende de un resultado deportivo ni de la opinión pública. Es una manera diferente de entender el éxito.

Del estadio a la iglesia

Hay algo poético en imaginar el recorrido de una persona desde los grandes estadios del fútbol mundial hasta un templo donde habla de su relación con Dios.

Durante años, Alves escuchó miles de voces gritando su nombre. En Encarnación, quiso que su voz sirviera para hablar de otro nombre: Jesús.

El contraste es significativo. En el fútbol, los jugadores compiten para ganar, en la vida espiritual, el mensaje cristiano propone servir. En el deporte, el reconocimiento llega mediante resultados, en la fe, el valor de una persona no depende de cuántos trofeos pueda mostrar. 

En un estadio, las luces se encienden y luego se apagan.

La fe, para quien la vive, pretende iluminar incluso cuando las luces exteriores desaparecen.

Una visita que coincidió con un momento especial para Encarnación

La presencia de Dani Alves tuvo lugar en un fin de semana particularmente intenso para Encarnación.

La ciudad estaba recibiendo visitantes de diferentes lugares debido al WRC Rally del Paraguay 2026. Hoteles, restaurantes, calles y espacios públicos estaban llenos de movimiento.

En medio de ese ambiente deportivo y turístico, la Iglesia de Dios ofreció un espacio completamente diferente. No había cronómetros, no había motores ni podios. Había personas reunidas para escuchar un mensaje espiritual.

Esa diversidad también forma parte de la riqueza de Encarnación. Una ciudad puede ser simultáneamente escenario de un acontecimiento deportivo mundial y espacio para encuentros culturales, familiares y religiosos.

Durante ese fin de semana, la ciudad mostró nuevamente esa capacidad de recibir historias muy diferentes.

Una historia que invita a pensar

Más allá de las creencias personales de cada lector, la historia que Alves compartió plantea una reflexión universal.

¿Qué hacemos con aquello que tenemos?

¿Qué lugar ocupa el éxito en nuestra vida?

¿Qué ocurre cuando conseguimos aquello que durante años soñamos alcanzar?

Y, quizás la pregunta más importante:

¿Qué queda cuando ya no tenemos que demostrarle nada a nadie?

Dani Alves encontró, según su propio testimonio, una respuesta en su relación con Dios.

Para él, el éxito deportivo dejó de ser la medida principal de su vida. Los títulos continúan formando parte de su historia, pero ahora los contempla desde otra perspectiva.

Su mensaje a los jóvenes fue, en esencia, una invitación a buscar algo más profundo que la fama y el reconocimiento: amar a Dios, conocer a Jesucristo y permitir que la fe produzca una transformación verdadera en la vida cotidiana.

La libertad que no se compra

Existe una palabra que atraviesa todo el relato: libertad.

Una persona puede tener dinero y no sentirse libre, o puede tener fama y vivir llena de preocupaciones.

Puede recibir aplausos y, al mismo tiempo, sentirse vacía o ganar muchos trofeos y seguir buscando algo que no aparece en las vitrinas.

El mensaje cristiano que Alves llevó a Encarnación propone precisamente otra clase de libertad: aquella que nace de reconciliarse con Dios y comenzar una vida diferente.

Desde esa perspectiva, la libertad no depende de cuánto posee una persona, sino de aquello que gobierna su corazón.

Para Alves, esa libertad tiene un nombre: Jesucristo.

Una semilla sembrada en Encarnación

Quizás dentro de algunos años nadie recuerde exactamente las palabras pronunciadas durante aquella jornada. Pero puede que alguien recuerde cómo se sintió.

Puede que un joven haya escuchado por primera vez a una figura mundial hablar de Dios de una manera cercana. Puede que alguien que atravesaba un momento difícil haya encontrado una razón para volver a creer. Puede que otro haya comenzado a preguntarse qué lugar ocupa Dios en su propia vida.

Las grandes transformaciones muchas veces comienzan de una manera sencilla: con una palabra, una conversación o un testimonio.

Eso fue lo que Dani Alves llevó a Encarnación. No llegó con una copa en las manos. No llegó para mostrar sus medallas.

Llegó para hablar de aquello que, según su testimonio actual, considera mucho más importante que todo lo que consiguió en una cancha.

Cuando los trofeos dejan de ser lo más importante

La vida de un deportista de élite puede parecer, desde afuera, una sucesión de éxitos. Grandes contratos, estadios llenos, viajes, campeonatos y reconocimiento internacional.

Pero detrás de toda esa imagen existe una persona.

Y las personas también atraviesan momentos difíciles, toman decisiones, enfrentan consecuencias, buscan respuestas y, algunas veces, encuentran nuevos caminos.

En Encarnación, Dani Alves quiso contar precisamente esa parte de su historia.

Su mensaje fue el de alguien que afirma haber encontrado en Dios y en Jesucristo una nueva escala de valores.

Una escala en la que la fama no ocupa el primer lugar.

Donde los premios no son lo más importante.

Donde las medallas no determinan el valor de una persona.

Donde los trofeos pueden quedar en una vitrina, mientras la fe permanece en el corazón.

Y quizás esa sea la imagen que quede de su paso por Encarnación: un hombre que alguna vez aprendió a ganar partidos y campeonatos, pero que hoy asegura haber descubierto que existe una victoria diferente.

Una victoria que no se define por un marcador.

Una victoria que no necesita un estadio.

Una victoria que, desde su propia experiencia de fe, tiene como centro a Jesucristo.

Y así, durante aquel último fin de semana de agosto, entre el rugido de los motores del rally y el movimiento extraordinario de una ciudad llena de visitantes, Encarnación también fue escenario de un mensaje mucho más silencioso.

Un mensaje sobre fe, esperanza, propósito, amor a Dios y transformación.

Porque algunas historias se escriben con goles. Otras, con trofeos.

Y otras comienzan cuando una persona decide que todo aquello que alguna vez consideró importante ya no ocupa el primer lugar.

Para Dani Alves, ese lugar hoy pertenece a Dios.♥


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domingo, 30 de agosto de 2026

Encarnación disfrutó al máximo del WRC Rally del Paraguay 2026

Encarnación vivió cuatro días de locura, velocidad y emoción con el WRC Rally del Paraguay 2026.

Durante cuatro días, Encarnación dejó de ser solamente la capital de Itapúa para convertirse en uno de los grandes centros del automovilismo mundial. Desde el jueves 27 hasta el domingo 30 de agosto, el WRC Rally del Paraguay 2026 llenó de motores, banderas, visitantes, periodistas y aficionados las calles de la ciudad y los caminos del departamento.

Y ahora que el último automóvil cruzó la meta, queda esa curiosa sensación que aparece después de los grandes acontecimientos: una mezcla de cansancio, satisfacción y nostalgia. Durante semanas se habló del rally. Durante días se lo vivió intensamente. Y ahora, cuando el ruido de los motores comienza a apagarse, Encarnación vuelve lentamente a su ritmo habitual.

Pero ya nada será exactamente igual.

Porque el Rally del Paraguay dejó imágenes, historias y protagonistas que quedarán en la memoria de quienes tuvieron la oportunidad de vivirlo.

Una ciudad tomada por el rally

Encarnación comenzó a vivir la fiesta incluso antes de que los vehículos entraran oficialmente en competencia.

La largada simbólica, el movimiento de los equipos, la llegada de visitantes y la presencia de los grandes pilotos fueron creando un ambiente diferente en la ciudad.

Miles de personas se acercaron a los distintos escenarios preparados para el público. La zona de la Costanera, los espacios destinados a los aficionados y los sectores de competencia se transformaron durante estos días en verdaderas tribunas naturales.

El rally también modificó el movimiento cotidiano de la ciudad. Calles cerradas, desvíos, vehículos de equipos, visitantes caminando por distintos sectores y restaurantes y comercios recibiendo a una cantidad extraordinaria de personas fueron parte de una postal que difícilmente se repita en un fin de semana cualquiera.

La propia organización había preparado un itinerario de 22 pruebas especiales y 358,99 kilómetros cronometrados, una exigencia considerable para máquinas y tripulaciones.

Y la tierra colorada hizo honor a su fama.

El rally comenzó como una verdadera batalla de supervivencia

Si alguien esperaba una competencia tranquila, recibió exactamente lo contrario. La primera jornada fue brutal.

En apenas unas especiales quedaron fuera de carrera algunos de los nombres más importantes del campeonato. Sébastien Ogier, Thierry Neuville y Takamoto Katsuta, tres figuras de primer nivel, tuvieron problemas que los obligaron a abandonar tempranamente.

Aquello cambió completamente el panorama.

El rally que muchos imaginaban como una pelea entre los grandes favoritos comenzó a convertirse en una carrera de supervivencia. Los pinchazos, problemas mecánicos y las características de los caminos paraguayos fueron haciendo una selección natural entre los competidores.

Y mientras algunos de los grandes nombres quedaban fuera, un joven finlandés comenzaba a escribir una historia extraordinaria.

Sami Pajari, el joven que conquistó Paraguay

Con apenas 24 años, Sami Pajari, acompañado por Marko Salminen y al volante de un Toyota GR Yaris Rally1, terminó convirtiéndose en el gran héroe deportivo de la competencia.

El finlandés no solamente ganó el Rally del Paraguay 2026. Hizo historia.

Pajari consiguió en Itapúa su tercera victoria consecutiva en el Campeonato Mundial de Rally, después de haber ganado previamente en Estonia y Finlandia. Pero el dato todavía más impresionante es que se convirtió en el primer piloto en la historia del WRC que consigue sus tres primeras victorias consecutivas.

La victoria tuvo además un mérito especial porque Pajari tuvo que sobrevivir a un rally extremadamente complicado.

Mientras a su alrededor los favoritos sufrían pinchazos, accidentes y problemas mecánicos, el piloto de Toyota consiguió mantener la cabeza fría. No necesitó ganar todas las pruebas. Necesitó algo que en el rally vale muchísimo: llegar.

Y llegó primero.

Paddon, la gran sorpresa

Si Pajari fue el ganador, Hayden Paddon fue probablemente una de las grandes historias del rally.

El neozelandés, al volante de un Hyundai, sorprendió desde las primeras jornadas y llegó a convertirse incluso en líder de la competencia. Paddon terminó finalmente en el segundo lugar, convirtiéndose en una de las grandes figuras de la carrera. Su actuación fue especialmente destacable porque consiguió mantenerse en la pelea en un rally donde muchos de los grandes favoritos quedaron fuera.

El podio lo completó Adrien Fourmaux, de Hyundai, después de una extraordinaria batalla por el tercer lugar. Fourmaux había llegado a estar muy cerca de Elfyn Evans durante la segunda jornada y terminó finalmente por delante del líder del campeonato.

Así quedó el podio absoluto:

1.º Sami Pajari – Marko Salminen – Toyota

2.º Hayden Paddon – John Kennard – Hyundai

3.º Adrien Fourmaux – Alexandre Coria – Hyundai

Y detrás apareció Elfyn Evans, cuarto, un resultado que le permitió conservar el liderazgo del campeonato mundial.

Evans resistió y mantuvo el liderazgo mundial

Elfyn Evans llegó a Paraguay como líder del campeonato y abandonó Itapúa todavía en la cima.

Pero el rally le hizo perder una buena cantidad de terreno frente a Pajari.

El británico terminó cuarto, mientras que el joven finlandés se acercó peligrosamente en la clasificación del campeonato. Después de Paraguay, Evans continúa primero con 216 puntos, mientras Pajari suma 196. Oliver Solberg permanece tercero con 175 unidades.

De esta manera, el rally paraguayo no solamente tuvo consecuencias deportivas inmediatas. También volvió mucho más interesante la definición del campeonato mundial.

La tierra roja de Itapúa dejó al Mundial con una pelea por el título mucho más cerrada.

Y entonces llegó la gran noticia paraguaya

Pero si hubo un resultado capaz de emocionar especialmente al público local, ese fue el de Diego Domínguez Bejarano.

El piloto paraguayo, acompañado por el español Rogelio Peñate, consiguió la victoria en la categoría WRC2, al mando de un Toyota GR Yaris Rally2.

Fue una victoria histórica.

Domínguez se convirtió en el primer piloto paraguayo en ganar una competencia de WRC2 en su propio país, en una actuación que llenó de orgullo al automovilismo nacional.

Y lo hizo además con una actuación sólida, dominando la categoría y soportando las enormes exigencias de los caminos paraguayos. Para el público, fue quizás uno de los momentos más emocionantes de todo el fin de semana.

Porque una cosa es ver ganar a una estrella internacional. Y otra muy diferente es escuchar el nombre de un compatriota en lo más alto del podio.

El público paraguayo también fue protagonista

Si los pilotos fueron quienes pusieron los tiempos y los equipos fueron quienes prepararon las máquinas, hubo otro protagonista que no puede quedar fuera de esta historia: el público.

Los aficionados paraguayos respondieron.

Encarnación recibió visitantes de distintos puntos del país y también del extranjero. Los caminos se llenaron de personas que esperaban durante horas para ver pasar los vehículos durante apenas unos segundos.

Ese es uno de los misterios más hermosos del rally.

El espectador espera. Espera durante mucho tiempo. Y de pronto aparece el automóvil. Un rugido.

Una nube de polvo. Un destello de colores. Y desaparece.

Todo ocurre en unos pocos segundos, pero la emoción permanece.

En Encarnación, además, el público pudo disfrutar de una experiencia especial con los tramos urbanos y la presencia del rally en distintos sectores de la ciudad.

La organización oficial incluyó incluso un tramo en Encarnación dentro de las pruebas especiales finales, mientras que la guía para espectadores estableció zonas específicas y recordó la importancia de permanecer detrás de las áreas de seguridad.

El rally también transformó la ciudad

Durante estos días, Encarnación fue mucho más que una sede deportiva. Fue hotel.

Fue restaurante. Fue punto de encuentro.

Fue destino turístico. Fue escenario de fotografías. Y fue, sobre todo, una enorme fiesta.

La llegada de equipos, pilotos, periodistas y aficionados produjo un movimiento extraordinario. Muchos establecimientos trabajaron a pleno y la ciudad mostró su capacidad para recibir acontecimientos de alcance internacional.

La Costanera volvió a demostrar su versatilidad como espacio público. Las calles se llenaron de visitantes y los distintos sectores preparados para el rally recibieron a miles de aficionados.

El evento también permitió que personas que quizás nunca habían visitado Encarnación descubrieran sus paisajes, su gastronomía y su infraestructura turística.

Y eso es algo que permanece cuando los motores se apagan.

Una carrera que tuvo de todo

El WRC Rally del Paraguay 2026 tuvo prácticamente todos los ingredientes que puede pedir un aficionado. Tuvo favoritos que quedaron fuera debido a diferentes circunstancias. 

Tuvo un líder inesperado pero que logró esa posición gracias al trabajo, el esfuerzo a no darse por vencido y superar todos los obstáculos que se presentaron. 

Tuvo pinchazos. Tuvo cambios de posiciones. Tuvo batallas por el podio.

Tuvo un joven ganador. Tuvo una estrella local. Y tuvo, sobre todo, incertidumbre.

Porque durante buena parte de la competencia nadie podía estar completamente seguro de qué iba a ocurrir en la siguiente especial.

Ese es precisamente uno de los grandes encantos del rally.

No existe la comodidad de un circuito cerrado donde todo puede verse desde una tribuna. Aquí la competencia se extiende por kilómetros y kilómetros de caminos. El terreno cambia, el clima puede modificar las condiciones y una pequeña piedra puede alterar el destino de una carrera.

Paraguay aprendió esa lección durante estos cuatro días.

Ahora quedan los recuerdos

El domingo llegó la premiación. Los motores comenzaron a callarse.

Los equipos empezaron a recoger sus pertenencias. Los aficionados emprendieron el regreso.

Encarnación comenzó a recuperar su ritmo habitual.

Pero quedaron las fotografías, los videos, las historias y las conversaciones.

Quedó la imagen de Sami Pajari levantando el trofeo después de conseguir una victoria histórica.

Quedó Hayden Paddon, el neozelandés que sorprendió a todos con un segundo lugar extraordinario.

Quedó Adrien Fourmaux completando el podio.

Quedó Elfyn Evans defendiendo el liderazgo mundial.

Y quedó, especialmente, Diego Domínguez, levantando la bandera paraguaya en lo más alto de WRC2.

Encarnación puede sentirse orgullosa

Durante cuatro días, la capital de Itapúa fue mirada desde distintos rincones del planeta.

Las imágenes de sus calles, su Costanera, sus caminos y sus paisajes viajaron junto con la transmisión del Campeonato Mundial de Rally.

Y eso tiene un valor enorme. Porque el WRC no solamente dejó un ganador. Dejó una experiencia.

Dejó visitantes. Dejó movimiento económico. Dejó recuerdos. Y dejó una ciudad que demostró que puede recibir un acontecimiento deportivo de dimensiones mundiales.

Ahora toca guardar las banderas, retirar algunas estructuras y volver lentamente a la rutina.

Pero seguramente habrá quienes, al caminar por alguna de las zonas donde pasaron los autos, todavía puedan imaginar aquel sonido. El rugido del motor.

El polvo levantándose. La gente gritando.

Y un automóvil desapareciendo a toda velocidad detrás de una curva.

El WRC Rally del Paraguay 2026 ya terminó.

Pero la historia que comenzó a escribirse sobre la tierra roja de Itapúa todavía tiene muchas páginas por delante.

Y quizás la más hermosa de todas sea esta:

Paraguay tuvo su gran fiesta mundial del rally, Encarnación fue su casa y un paraguayo llamado Diego Domínguez también pudo decir: “ganamos”.


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