La Perla del Sur

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sábado, 12 de septiembre de 2026

La invasión alegre: Cuando los turistas conquistan Encarnación

Crónicas, risas y secretos de la marea viajera en la Perla del Sur

Hay épocas en las que nuestra amada Encarnación deja de ser solo una ciudad pacífica recostada sobre el ancho río Paraná para convertirse en un inmenso escenario de sol, sonrisas y acentos cruzados. De repente, las calles se llenan de anteojos de sol extravagantes, sombreros de paja de tamaños inverosímiles y un ejército de visitantes armados con termos, protector solar y una curiosidad insaciable. ¡Ndébarbaro! La Perla del Sur se vuelve el epicentro del universo y no hay rincón que escape al encanto de esta hermosa invasión viajera.

1. El éxodo hacia el agua: La tribu del protector solar

Ver llegar a los turistas a la Playa San José es una lección de sociología pura y divertida. Están los preparadísimos, aquellos que bajan del auto pareciendo una expedición al Himalaya pero en versión caribeña: conservadora gigante sobre ruedas, sombrilla multicolor de tres metros de diámetro, reposeras ergonómicas y un arsenal de flotadores inflables con forma de flamenco rosa o unicornio dorado.

Pisan la arena dorada con ese brillo en los ojos que solo da el escape de la rutina. Los ves caminar dubitativos sobre la arena caliente hasta que, ¡zas!, el agua fresca del Paraná les bautiza los pies y sueltan un suspiro colectivo que resuena hasta la otra orilla. En ese preciso instante, el viajero estresado se transforma en un encarnaceno de corazón. No importa si vienen de las prisas de Asunción, de la humedad de Ciudad del Este, de la vecina Argentina o de algún rincón remoto del mapa europeo: frente a la inmensidad del agua, todos hablan el mismo idioma.

2. El choque cultural del Tereré: Un ritual de iniciación

Una de las escenas más entrañables y cómicas de la temporada es observar a los visitantes extranjeros intentar dominar el arte sagrado del tereré. El encarnaceno autóctono camina con el termo bajo el brazo con la elegancia natural de quien lleva una extremidad más. El turista, en cambio, agarra la jarra con cierto temor reverencial, preguntándose en secreto si la bomba de yuyos medicinales que la remediera local le preparó no lo va a elevar directo a la estratósfera.

"¿Mba'e yva oĩ pype?" (¿Qué yuyos tiene adentro?), preguntan con los ojos bien abiertos al ver las hojas de menta, menta'i, kokũ o burro aplastadas con mortero en el fondo del termo. El primer sorbo siempre es un espectáculo digno de filmar: arrugan la frente, abren la boca con sorpresa, lo piensan dos segundos... y de repente sonríen. ¡Heterei! (¡Qué delicioso!), exclaman orgullosos con un acento gracioso, sintiéndose graduados en paraguayidad pura. A partir de ese momento, la guampa no se suelta más y el turista pasa a andar por la Costanera sintiéndose un cacique guaraní de las playas.

3. La pasarela de la Costanera: Atardeceres, rollers y fotos infinitas

Cuando el sol empieza a derretirse en el horizonte como una yema de huevo dorada y el cielo se tiñe de tonos naranjas y violetas que ni el mejor pintor podría copiar, la Costanera se transforma en una pasarela surrealista. Es la hora del paseo oficial. Los turistas salen a mostrar sus mejores pilchas veraniegas o, en su defecto, su bronceado recién estrenado (que a veces tira más a tono "camarón hervido" por no haberse puesto suficiente protector solar a mediodía).

Allí conviven los ciclistas de ocasión que alquilan monopatines eléctricos y zigzaguean entre la gente saludando como si estuvieran en una película de Hollywood, los runners motivados y las familias enteras buscando el spot perfecto para la foto de Instagram. El atardecer encarnaceno tiene ese poder mágico: logra que el desconocido más tímido pida a un extraño que le saque una foto, iniciando conversaciones inesperadas que terminan en risas compartidas. "¡Qué lindo es este lugar!", se escucha repetir como un mantra en cada metro cuadrado del paseo marítimo.

4. El peregrinaje gastronómico: Del Surubí a la maratón del Reviro

Si hay algo que un turista aprende rápido en Encarnación es que "dieta" es una palabra prohibida. La experiencia gastronómica de los visitantes es una montaña rusa de sabores. Los mediodías se visten de gala en los restaurantes frente al río, donde el surubí a la parrilla se convierte en el plato estrella. Ver a un turista probar por primera vez una posta de pescado de río jugosa, adobada con limón y ajo, acompañada de mandioca bien blanca y tierna (mandi'o hû sky), es ver la cara de la felicidad absoluta.

Pero la verdadera aventura empieza al atardecer o en esas mañanitas frescas, cuando se cruzan con el aroma inconfundible del reviro recién hecho. "¿Qué es esa masa dorada picadita?", preguntan con curiosidad. Al probarlo junto a un huevo frito ("con puntilla", como Dios manda) o sumergido en un vaso de cocido quemado, sus esquemas mentales colapsan. Se dan cuenta de que la cocina humilde del sur paraguayo tiene la fuerza de un abrazo maternal. Para cuando termina su estadía, el turista promedio ya no calcula su equipaje en kilos de ropa, sino en paquetes de yerba mate y recuerdos culinarios grabados en el paladar.

5. Compras en el Circuito: La fiebre del tesoro escondido

Ninguna crónica sobre los turistas en Encarnación estaría completa sin mencionar la incursión legendaria al Circuito Comercial. Cruzar hacia la zona de tiendas es para el visitante como entrar a la cueva de Alí Babá pero con aire acondicionado y liquidaciones de fin de temporada.

Ves a los viajeros caminar con ojos de cazadores de ofertas, comparando precios de electrónica, toallas de algodón, termos de acero inoxidable y calzados deportivos. Hay un arte especial en el regateo amistoso y en esa alegría infantil cuando consiguen ese gadget o esa prenda que buscaban a mitad de precio. Regresan al hotel cargados de bolsas de colores, agotados pero victoriosos, sintiendo que le ganaron al sistema y listos para presumir sus compras al volver a sus ciudades de origen.

6. El abrazo encarnaceno: El recuerdo que no entra en la valija

Más allá de las playas deslumbrantes, la arquitectura moderna, las ruinas históricas que esperan a pocos kilómetros y la noche vibrante de los corsos y boliches, hay algo que los turistas repiten en cada charla antes de armar las valijas: la calidez de nuestra gente.

Ese "Tereaháporãite" (Que te vaya muy bien) que les regala el vendedor de la esquina, la paciencia del parrillero que les explica la receta del chipa guasu, la sonrisa del recepcionista del hotel o la amabilidad de los vecinos que les indican la mejor ruta sin apuro alguno. El turista no solo se lleva fotos del atardecer sobre el Paraná o arena en el fondo de las zapatillas; se lleva en el pecho la paz de una ciudad que sabe abrazar a quien la visita.

¡Hasta la vuelta, queridos viajeros!

Encarnación es la perla del turismo y siempre guarda un lugar en su corazón costero para cada persona que decide cruzar sus accesos. Que vengan los turistas hoy, mañana y siempre. Que llenen de color nuestras avenidas, que pregunten mil veces cómo se toma el tereré, que se enamoren de nuestras playas y que hagan volar sus risas por el cielo de Itapúa. Nos dejan su alegría, sus historias y su energía revitalizante. Y nosotros, desde esta orilla bendecida por el sol y el agua, les decimos con una sonrisa de par en par: "¡Jajoechapa peve!" (¡Hasta que nos volvamos a ver!), porque sabemos bien que el que prueba el encanto encarnaceno... siempre, pero siempre, termina regresando.♥


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martes, 21 de julio de 2026

Granja "Don Severo"


Un rincón donde la naturaleza y la tradición se encuentran en Encarnación

Cuando se piensa en Encarnación, es común que las primeras imágenes que vengan a la mente sean sus playas, la Costanera, el Carnaval o el intenso movimiento comercial que caracteriza a la capital de Itapúa. Sin embargo, a pocos minutos del centro de la ciudad existe un lugar que invita a bajar el ritmo, respirar aire puro y reconectarse con la naturaleza. Se trata de la Granja Don Severo, un espacio que, con el paso de los años, se ha convertido en una atractiva alternativa para familias, instituciones educativas y turistas que desean vivir una experiencia diferente.

Lejos del bullicio urbano, la granja ofrece un ambiente donde predominan el canto de las aves, los árboles, los senderos naturales y el contacto directo con los animales. Es un sitio que combina recreación, educación ambiental y turismo rural, permitiendo a los visitantes descubrir una faceta distinta de Encarnación.


Un espacio para disfrutar de la naturaleza

La Granja Don Severo nació con la idea de acercar a las personas al entorno rural, mostrando de una manera sencilla cómo conviven los animales, las plantas y las actividades propias del campo. En una época donde gran parte de la población vive en ciudades y los niños tienen cada vez menos contacto con la vida rural, lugares como este adquieren un valor especial.

Desde el momento en que se ingresa al predio, el ambiente cambia completamente. Los sonidos del tránsito son reemplazados por el canto de los pájaros, el aire se siente más fresco y el paisaje verde invita a caminar sin prisa. Es un entorno ideal para quienes buscan descansar, compartir en familia o simplemente desconectarse de la rutina cotidiana.

La tranquilidad es uno de los principales atractivos del lugar. Muchos visitantes destacan precisamente esa sensación de paz que transmite la granja, convirtiéndola en un destino perfecto para pasar una mañana o una tarde rodeados de naturaleza.

El encanto de los animales de granja

Uno de los mayores atractivos de la Granja Don Severo es la posibilidad de observar de cerca diversos animales propios del entorno rural y quien gana siempre más publico son los encantadores carpinchos (capibaras), tan amistosos y bellos. Para muchos niños, representa la primera oportunidad de conocer personalmente especies que normalmente solo ven en libros, dibujos animados o documentales.


Gallinas, patos, gansos, cabras, ovejas, conejos y otros animales forman parte de la experiencia. Observar sus hábitos, conocer su alimentación y aprender sobre su importancia dentro de una granja ayuda a despertar la curiosidad de los más pequeños y fortalece el respeto por la naturaleza.

El contacto con los animales también genera momentos inolvidables para las familias. Es frecuente ver a padres e hijos compartiendo actividades, tomando fotografías y disfrutando de una experiencia educativa al aire libre.

Un lugar pensado para las familias

La Granja Don Severo se ha convertido en uno de los destinos preferidos por quienes buscan actividades recreativas en Encarnación que sean diferentes a las tradicionales jornadas de playa.

Sus amplios espacios permiten que los niños jueguen con libertad mientras los adultos disfrutan de un ambiente tranquilo. Muchas familias aprovechan la visita para organizar almuerzos, meriendas o simplemente pasar varias horas compartiendo al aire libre.

La vegetación, los senderos y las áreas de descanso convierten el recorrido en una experiencia agradable para visitantes de todas las edades.

Además, el entorno natural favorece actividades que muchas veces quedan relegadas por el ritmo acelerado de la vida cotidiana: conversar, caminar, observar aves, escuchar los sonidos del campo o simplemente descansar bajo la sombra de un árbol.

Un aula al aire libre

Más allá del entretenimiento, la Granja Don Severo también posee un importante valor educativo.

Cada año recibe la visita de numerosas instituciones educativas que encuentran allí un excelente complemento para las clases relacionadas con ciencias naturales, medio ambiente y producción agropecuaria.

Los estudiantes pueden observar directamente cómo viven distintos animales, conocer aspectos básicos sobre su alimentación y comprender la importancia de cuidar los recursos naturales.

Este tipo de experiencias suele dejar una impresión mucho más profunda que una explicación dentro del aula. Aprender mediante la observación y el contacto directo despierta la curiosidad y fortalece el interés por la conservación de la naturaleza.

Turismo rural en crecimiento

En los últimos años, el turismo rural ha despertado un creciente interés entre quienes buscan experiencias más auténticas y cercanas a la naturaleza.

La Granja Don Severo forma parte de esa tendencia. Su propuesta ofrece una alternativa diferente al turismo tradicional de sol y playa que caracteriza a Encarnación.

Muchos visitantes combinan una jornada en la granja con otros atractivos de la ciudad, logrando una experiencia mucho más completa durante su estadía en Itapúa.

Esta diversidad de opciones contribuye a fortalecer la oferta turística local y demuestra que Encarnación tiene mucho más para ofrecer que sus reconocidas playas.

Un espacio para valorar el campo paraguayo

Visitar una granja también permite comprender mejor el trabajo cotidiano de quienes viven y producen en el ámbito rural.

El cuidado de los animales, el mantenimiento de las instalaciones, la producción agrícola y las tareas diarias del campo requieren esfuerzo, dedicación y conocimientos que muchas veces pasan desapercibidos para quienes viven en las ciudades.

Espacios como Don Severo ayudan a valorar ese trabajo silencioso que hace posible la producción de alimentos y el desarrollo del sector agropecuario paraguayo.

La importancia del contacto con la naturaleza

Diversos estudios destacan los beneficios que tiene el contacto con ambientes naturales para la salud física y emocional. Caminar entre árboles, respirar aire fresco, escuchar sonidos naturales y reducir el tiempo frente a las pantallas favorecen el bienestar y ayudan a disminuir el estrés.

En ese sentido, la Granja Don Severo ofrece un entorno ideal para disfrutar de una pausa en medio del ritmo cotidiano.

Los niños desarrollan mayor sensibilidad hacia los animales y el medio ambiente, mientras que los adultos encuentran un espacio propicio para relajarse y compartir momentos de calidad con la familia.

Una experiencia diferente en Encarnación

Quienes visitan Encarnación suelen descubrir rápidamente la belleza de sus playas, la modernidad de la Costanera y el dinamismo del circuito comercial. Sin embargo, dedicar unas horas a conocer la Granja Don Severo permite descubrir otra faceta de la ciudad: una más tranquila, cercana a la naturaleza y profundamente ligada a las tradiciones del campo.

No se trata únicamente de observar animales o recorrer un predio rural. La verdadera riqueza de la experiencia está en la posibilidad de volver a disfrutar de cosas sencillas: caminar sin apuro, escuchar el sonido del viento entre los árboles, observar el comportamiento de los animales y compartir tiempo con quienes nos acompañan.

En una época donde el turismo busca ofrecer vivencias cada vez más auténticas, la Granja Don Severo representa una excelente opción para quienes desean conocer un rincón diferente de Encarnación.

Es un lugar donde la naturaleza enseña sin palabras, donde los niños descubren el mundo rural con entusiasmo y donde los adultos recuerdan que, muchas veces, los mejores momentos nacen de la simplicidad.

Por todo ello, la Granja Don Severo se ha consolidado como un atractivo que complementa la oferta turística de la capital de Itapúa y demuestra que Encarnación continúa sorprendiendo a sus visitantes con propuestas para todos los gustos. Quien la visita no solo regresa con fotografías y recuerdos, sino también con la agradable sensación de haber encontrado un espacio donde la tranquilidad, el aprendizaje y el contacto con la naturaleza se unen para crear una experiencia verdaderamente especial. 

COSTO DE INGRESO: El ingreso por persona tiene un pequeño costo de 10 mil guaraníes (casi 2 USD) al tiempo de esta publicación y para escolares es más económico.
Dirección: Barrio San Isidro, Encarnación, camino a Itacuá.

Horario: Abierto todos los días de 08:00 a 19:00 h.
Contacto y reservas: WhatsApp 0985 700117









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sábado, 25 de octubre de 2025

Guía de viaje: Encarnación

Turismo. 

Guía de Viaje de Encarnación: la joya del sur paraguayo

Hablar de Encarnación es hablar de una ciudad que aprendió a reinventarse frente al río. Una ciudad donde el verano parece tener su propio idioma, donde las playas se llenan de risas al atardecer y donde cada rincón mezcla tranquilidad, cultura y movimiento. Conocida como la “Perla del Sur”, esta ciudad paraguaya ubicada a orillas del río Paraná se ha convertido en uno de los destinos turísticos más importantes del país y en una parada obligatoria para quienes desean descubrir una cara moderna, cálida y sorprendente de Paraguay.


Encarnación tiene algo especial. Quizás sea la forma en que el sol cae sobre la Costanera. O el aroma de la comida callejera mezclándose con la brisa del río. Tal vez sea esa combinación perfecta entre descanso y vida urbana. Lo cierto es que quien llega por primera vez suele sentirse atrapado rápidamente por su ritmo tranquilo y su belleza sencilla.

Viajar a Encarnación no es solamente hacer turismo. Es vivir una experiencia donde la naturaleza, la historia y la gastronomía se encuentran en armonía.

Qué visitar en Encarnación

Uno de los principales atractivos de la ciudad son sus famosas playas. La más conocida es la Playa San José, un amplio espacio de arena fina y aguas tranquilas que durante el verano se llena de familias, turistas y jóvenes disfrutando del calor paraguayo. La Costanera que acompaña la playa es ideal para caminar, correr, andar en bicicleta o simplemente sentarse a contemplar el río Paraná mientras el cielo cambia de colores al caer la tarde.

Muy cerca también se encuentran otras playas como Mbói Ka’é y Pacú Cuá, cada una con su propio encanto. Mbói Ka’é suele ser elegida por quienes buscan un ambiente más relajado y natural, mientras que Pacú Cuá ofrece una vista espectacular del puente internacional y de la vecina ciudad argentina de Posadas.

Pero Encarnación no vive solamente de playas. Uno de los lugares más impresionantes para visitar son las históricas Reducciones Jesuíticas, consideradas Patrimonio Mundial de la Humanidad por la UNESCO. A pocos kilómetros de la ciudad se encuentran la Reducción Jesuítica de Trinidad y la Reducción Jesuítica de Jesús de Tavarangüé, dos joyas arquitectónicas que permiten viajar al pasado y descubrir parte de la historia cultural más importante de la región.

Recorrer esas antiguas construcciones de piedra rojiza es una experiencia casi poética. El silencio, el tamaño de las ruinas y la energía del lugar generan una sensación difícil de describir. Son sitios donde la historia todavía parece respirar entre las paredes antiguas.

Otro punto muy visitado es el Sambódromo de Encarnación, escenario del famoso Carnaval Encarnaceno. Durante la temporada de carnaval, la ciudad cambia completamente de ritmo y se llena de música, brillo y alegría. Comparsas, carrozas y bailarines convierten las noches en una verdadera fiesta popular que atrae visitantes de todo Paraguay y también de países vecinos.

En el nuevo Circuito Comercial se encuentra todo el comercio de vanguardia, donde tanto locales como turistas realizan sus compras a buen precio, ofertas y gran variedad. 

Para quienes disfrutan de los espacios culturales, el centro de Encarnación ofrece plazas, iglesias, ferias artesanales y pequeños cafés con mucha personalidad. Caminar por el casco urbano permite descubrir una ciudad ordenada, moderna y cada vez más preparada para recibir turistas.

Y si hay tiempo para una escapada diferente, cruzar hacia Posadas, Argentina, a través del puente internacional San Roque González de Santa Cruz, puede convertirse en una experiencia interesante para conocer dos ciudades hermanas en un mismo viaje.

Qué comer en Encarnación

La gastronomía encarnacena es otro de sus grandes encantos. Aquí el visitante puede disfrutar desde comidas típicas paraguayas hasta platos internacionales, gracias a la fuerte influencia cultural de inmigrantes europeos y vecinos argentinos.

Uno de los sabores imprescindibles es la tradicional sopa paraguaya, una especie de torta salada hecha con harina de maíz, queso, cebolla y huevo. También es obligatorio probar la chipa, especialmente acompañada de un buen cocido caliente en las mañanas frescas.

En los restaurantes y parrilladas abundan las carnes asadas, los cortes vacunos y los pescados de río. El surubí y el pacú suelen ser protagonistas en muchos menús. Comer pescado frente al río Paraná mientras cae el atardecer es una de esas experiencias simples que quedan grabadas en la memoria.

Encarnación también se destaca por sus hamburgueserías, bares y locales gastronómicos modernos que crecieron enormemente en los últimos años. La Costanera está llena de opciones para todos los gustos: desde heladerías artesanales hasta restaurantes gourmet con vista al río.

Y si hablamos de experiencias auténticas, no puede faltar el famoso lomito árabe, muy popular en la ciudad, o las tradicionales empanadas paraguayas que se venden en distintos puntos turísticos.

Durante el verano, además, la ciudad se llena de puestos de comida rápida y bebidas refrescantes cerca de las playas, creando ese ambiente típico de vacaciones donde todo parece disfrutarse más despacio.

Dónde quedarse en Encarnación

Encarnación ofrece opciones de alojamiento para todos los presupuestos. Desde hoteles modernos con vista al río hasta hospedajes familiares más económicos y acogedores.

Los hoteles ubicados sobre la Costanera suelen ser los más buscados, especialmente durante la temporada alta. Despertar con vista al Paraná y tener acceso rápido a las playas es un privilegio que muchos turistas valoran. Además, varios hoteles cuentan con piscinas, terrazas panorámicas y restaurantes propios.

Para quienes buscan comodidad y servicios completos, existen hoteles de categoría con excelente infraestructura, ideales para familias o parejas que desean una experiencia más relajada.

También hay numerosos apartamentos temporales y Airbnb que se volvieron muy populares en los últimos años. Muchos visitantes prefieren esta opción porque permite sentirse “como en casa”, especialmente en estadías largas.

Los hostales y posadas representan otra alternativa interesante para mochileros o viajeros jóvenes. Suelen tener ambientes cálidos, espacios compartidos y precios accesibles.

Una recomendación importante es reservar con anticipación durante el verano y en fechas especiales como carnaval o feriados largos, ya que la ciudad recibe una gran cantidad de turistas y la ocupación hotelera suele ser alta.

La magia de Encarnación

Hay ciudades que uno visita y disfruta. Pero hay otras que logran quedarse adentro de uno. Encarnación pertenece a esa segunda categoría.

Tal vez sea por la tranquilidad de sus noches junto al río. O por la calidez de su gente. Quizás por esa mezcla perfecta entre naturaleza, modernidad y memoria histórica. Lo cierto es que Encarnación tiene una forma muy particular de abrazar al visitante.

Aquí el tiempo parece tener otro ritmo. Las tardes invitan a caminar sin apuro. Las playas llaman a quedarse un rato más. Y las noches, iluminadas por la Costanera, parecen hechas para conversar mientras corre la brisa del Paraná.

Encarnación no es solamente un destino turístico. Es una experiencia llena de pequeños momentos: un tereré compartido frente al río, una foto al atardecer, una comida típica en familia, el sonido lejano de la música en verano o el silencio imponente de las reducciones jesuíticas.

Quien llega a esta ciudad descubre rápidamente que el sur paraguayo tiene alma propia. Y quizás por eso, muchos turistas terminan prometiendo volver incluso antes de irse.





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